29 oct. 2017

Estos días he soñado de nuevo con Islandia, seguramente en vano

En este mundo siempre debe tenerse un país extranjero de referencia, sobre todo si es simplemente soñado, como un deseo piadoso, un whisfull thinking alimentado con nuestra fantasía, sin efectos prácticos inmediatos. Últimamente se ha puesto de moda Islandia como referente mental envidiable. El pequeño y alejadísimo país insular que flota en el círculo polar Ártico no alcanza los 340.000 habitantes (poco más que L’Hospitalet de Llobregat), está lleno de hielo y volcanes, en invierno tiene menos de cuatro horas de luz natural al día y en verano no oscurece ni de noche. Sin embargo el turismo se ha convertido en la primera
industria nacional: crece un 40% anual (2 millones de visitantes por año). Casi todos los islandeses viven en Reikiavik, pero la burbuja inmobiliaria causada por el turismo (muchos pisos han sido puestos en alquiler turístico por los propietarios a través de plataformas como Airbnb) provoca que una elevada proporción ya no pueda residir en la capital.
Es el país de las auroras boreales, de la Blue Lagoon de aguas termales, de la psicodélica cantante Björk y de una de las sucursales del festival barcelonés Sónar. Se independizó de Dinamarca en 19444, no tiene ejército, cuenta con un de los índices más altos de escritores por habitante y los subvenciona para que escriban. Las cenizas volátiles derivadas de la erupción de uno de sus incontables volcanes causó en 2010 el cierre del espacio aéreo en toda Europa. 
Reikiavik fue la ciudad invitada en las fiestas barcelonesas de la Mercè el pasado año. El programa radiofónico vespertino de Albert Om en la emisora RAC1 se llama “Islandia”. También es el título de la obra de teatro escrita por Lluïsa Cunillé iydirigida por Xavier Albertí que se representa estos días dies en el TNC, con Joan Anguera i Lurdes Barba en el reparto, entre otros actores.
El novelista Jón Kalman Stefanson se ha convertido a escala internacional en el “García Márquez islandés”, y declara: “Es cierto que a raíz de la crisis económica del 2008 algunos banqueros fueron a la cárcel y se redactó un informe de 1.500 páginas, convertido en best-seller, para explicar las causas de todo lo que había ocurrido. Pero se acabo ahí. A la gente de otros países le gusta ver a Islandia como una pequeña utopía simpática, un país de cuatro gatos donde la democracia de verdad es posible. Se trata de una idealización”. 
Hoy domingo los islandeses votan en elecciones anticipadas por tercera vez en ocho años. Con motivo de la crisis-estafa económica del 2008, que comportó un rescate del FMI ya devuelto, la izquierda gobernó hasta 2013. A continuación el primer ministro conservador y líder del Partido del Centro, Sigmundur David Gunnlaugsson, tuvo que dimitir hace un año por las revelaciones de los “papeles de Panamá”: su esposa y él habían evadido 4 millones de dólares a las islas Vírgenes a través de una sociedad pantalla. Ahora se presenta de nuevo. 
El actual primer ministro y líder del Partido de la Independencia, Bjarni Benediktsson, ha sido acusado de utilizar información privilegiada para desprenderse de abundantes acciones del banco Glitnir poco antes de que quebrara. También se presenta de nuevo. 
Me resigno a admitir que el sueño de Islandia es pequeño, lejano y gélido, pero no muy distinto en sustancia del molde global.

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