10 nov. 2017

Reencuentro con Ramón Parellada en la inmortal Fonda Europa de Granollers

Llevaba tiempo sin disfrutar tanto con un buen plato de cap-i-pota como el que comí ayer junto a mis amigos en los desayunos de tenedor de los jueves, día de mercado, en la Fonda Europa de Granollers. Me complació más aun encontrar de nuevo a Ramón Parellada en su salsa, secundado ahora por la hija María Antonia. La historia oficial dice que la joven María Antonia Parellada Bordas, hija de Ramón Parellada e Inés Bordas (los tres en la foto), es en este momento la octava generación de la misma familia que regenta la Fonda Europa de Granollers, el hotel de 37 habitaciones y su legendario restaurante. El hostal es el más antiguo del país, en actividad desde 1771. Las comidas se sumaron a partir de 1852. La historia oficial siempre
resulta relativa. A lo largo de las ocho generaciones ha habido los altibajos naturales. Por no remontar más allá, limitémonos al tatarabuelo Isidre Parellada Viñamata y su hijo Paco Parellada Riera, que en 1942 amplió el negocio con el restaurante 7 Portes de Barcelona, sin abandonar por ello la fonda madre de Granollers (o abandonándola en manos de la esposa).
A su muerte, ambos establecimientos fueron divididos entre los hermanos: las 7 Portes para Carme Parellada Novellas (ahora de su hijo Paco Solé Parellada) y la Fonda Europa para Paco Parellada Novellas. El nieto Ramon Parellada Garrell, cuarto de ocho hermanos, no era el primogénito ni el heredero del negocio. Marchó a Barcelona, donde en 1983 abrió el restaurante Senyor Parellada de la calle Argenteria, pronto con la colaboración activa de su mujer Inés Bordas Mon. 
La casa le cayó encima al recibir de forma inesperada del padre y del hermano mayor Paco Parellada Garrell la plena responsabilidad de la Fonda Europa en 1988. No entraba en sus intenciones, lo asumió como un nuevo reto, hasta transformarla en lo que es hoy.
La leyenda pertenece a los sucesivos "señores Paco de la Fonda", la realidad actual a la labor y la personalidad de Ramón e Inés. No solo han actualizado la Fonda, la han salvado. 
Ramon Parellada se crió ayudando a los mayores entre estas mesas. Al preguntarle su padre qué deseaba ser en el futuro, le contestó como impulsado por un resorte: “¡Cliente!”. 
No lo conseguirá nunca, porque los incontables clientes y amigos que acudimos a su casa no vamos solamente por el plato. También vamos por él, para saludarle, charlar, reírnos a su lado y aprender de su buen humor. 
A Ramón nunca le ha gustado explicar con detalle su trayectoria, mantiene la modestia del chico de los recados que fue. Quizás la ocasión en que la desplegó más por escrito sea en el libro de conversaciones de la colección Diàlegs a Barcelona con el colega cocinero Fermí Puig, editado en 2010. Tuve el placer de asistir y transcribir aquellas conversaciones, puedo atestiguar que dejó mucho en el tintero.
Ahora la joven María Antonia Parellada Bordas y su hermano Joan no heredan tan solo de los padres una empresa familiar. Reciben sobre todo el talante, el ingenio agudo, afectuoso, ilustrado y eficiente de los cansados que hacen el trabajo. Y una receta de cap-i-pota también inmortal.

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