13 jun. 2018

La taberna de la esquina y el restaurante de lujo, todo a la vez

Ayer con Yvonne nos permitimos un extra, el grueso filete de buey chateaubriand que solo sirven para dos personas, en nuestro caso en el restaurante del hotel barcelonés The Serras del Paseo de Colón esquina con la calle de La Plata, donde lo ofrecen fijo en la carta. Los cortes de filete más selectos de la cocina burguesa afrancesada siempre fueron el filet mignon, el tournedos y el chateaubriand, cuando no nos embarcábamos con el filete Wellington (chateaubriand relleno de foie-gras y envuelto en una capa de hojaldre). Más adelante el afrancensamiento decayó y se impuso el chuletón y el bife. Nosotros echábamos de menos al chateaubriand acompañado por su salsa bearnesa y sus pommes
risolées, y ayer nos lanzamos por un día.
Antes de entrar al restaurante rendimos honores como aperitivo a una institución ciudadana vecina, situada en la misma calle de La Plata, donde Picasso tuvo el primer estudio de pintor antes de emigrar a París. Se trata del legendario bar La Plata y su especialidad del pescadito frito, mantenida desde el 31 de octubre de 1945, cuando lo abrieron Pepito Marjanet y su mujer Quimeta Planas, que vivían en el entresuelo y daban de comer y beber a los trabajadores del puerto. Heredado por la hija Anna Marjanet y el nieto Roger Pascual, el microuniverso moral del bar La Plata le debe mucho desde hace treinta años a la cocinera Merche Fructuoso (ahora secundada por María José) y al camarero Pepe Gómez Bernal (ayudado por Joel), que entró con 15 años y ahí sigue. 
El local está exactamente igual, con la nevera de madera, los toneles, la pequeña barra y las seis mesitas interiores. El pescado frito del día (boquerón o sardineta), el vermut Montana y el vino del Penedés, también. Se suman unos montaditos de anchoas de Santoña y una fabulosa ensalada de cebolla y tomate de Sant Cebrià de Vallalta. 
A continuación entramos a comer en el otro microuniverso vecino del hotel de cinco estrellas The Serras. El chateaubriand estaba bien, al punto correcto de cocción, aunque sin ni siquiera comparación con la categoría, la distinción y el lujo auténtico del pescadito frito y la ensalada de cebolla y tomate del vecino bar La Plata.

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