7 oct. 2019

La nueva plaza de Anna Lizaran y el recuerdo de su bella Helena

Después de las obras de remodelación frente a la Estación del Nord barcelonesa, se ha visto bautizado con el nombre de la actriz Anna Lizaran un recodo de la plaza de Fort Pienc, entre las calles Sicilia, Ribes y Ali Bei. La carrera de la Lizaran fue extensa, sin embargo por algún capricho de la memoria la recuerdo especialmente en el papel protagonista de la adaptación teatral de la opereta de Jacques Offenbach La bella Helena, presentada en 1979 en el Teatre Lliure de Gràcia con un reparto de lujo, escenografía de Fabià Puigserver (que tiene unos jardines dedicados a su nombre en la calle Lleida) y música en vivo. Las pequeñas dimensiones de la sala, la escenografía a ras de suelo y el carácter jocoso de la obra permitían
apreciar de muy cerca el lucimiento de los actores, comenzando por la protagonista.
Los movimientos de la cola de lentejuelas de los vestidos de época Segundo Imperio francés, el vuelo de las capas y las túnicas rozaban materialmente a los espectadores de primera fila como yo. En aquella obra Anna Lizaran estuvo radiante, juguetona, mordaz. Relució como la bella Helena de la leyenda clásica. No se debió a la proximidad. También me lo pareció en otros papeles sobre escenarios a la italiana más distantes, pero en este tenía que hacer de diva hasta la exageración operística y le supo sacar todo el provecho.
Cuando paso por el recodo de la plaza que ahora lleva su nombre, tanto si la cruzo sin detenerme como si me siento unos instantes en los bancos públicos que han instalado, intento aplicar su carcajada al lugar para enriquecerlo y disfrutarlo. La proyección del legado de las mejores artistas y algunos rincones urbanos tienen estas cosas. Con la colaboración de la memoria, viva como la sangre.

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