14 feb. 2020

Las Diputaciones restauran castillos y monasterios, no sabemos por qué

Las Diputaciones asumen entre sus funciones la restauración de algunos monumentos históricos (castillos, monasterios, ermitas). Es natural que la de Barcelona haya querido dedicar una pequeña exposición en su sede de la Rambla de Catalunya a ejemplos de la tarea realizada en este terreno, abierta hasta el 17 de mayo. La imagen aérea del castillo de Boixadors en Sant Pere Sallavinera recién restaurado en la comarca de Anoia (foto adjunta) es magnífica, pero la exposición silencia una de las principales cuestiones: ¿por qué se restauran con dinero público
castillos, monasterios y ermitas? El motivo de evitar que caigan a pedazos es evidente, aunque no suficiente. Una vez restaurados, ¿a qué se dedican? ¿Qué uso se les da? ¿Qué utilidad pública adquieren?
Muchos no encuentran ningún uso público, quedan cerrados a la visita o la permiten de vez en cuando con una información muy insuficiente. Pondré cuatro ejemplos que, pese a pertenecer a la demarcación de la Diputación de Girona, pueden hacerse extensivos a las demás. 
En la restaurada colegiata románica de Vilabertran, a las afueras de Figueres, se celebran en verano los conciertos de la Schubertíada, y poco más. El mecenas Albert Tomàs se pregunta: “¿Cómo es posible que, entrados en el siglo XXI, haya tan cerca de Figueres un conjunto monumental tan rico casi cerrado, del que nadie, ni siquiera la propiedad [la Generalitat], sabe qué hacer con él? No se utiliza, no se promociona y, lo que es peor, no hay ningún plan de futuro. No se ha tomado seriamente ninguna de las ideas aportadas con el paso de los años para dotarlo de contenido”. 
Por otro lado, el Consell Comarcal del Baix Empordà ha declarado desierto en varias ocasiones el concurso para la gestión del también restaurado monasterio románico de Sant Miquel de Cruïlles, cerca de La Bisbal. No ha optado ninguna empresa. No será por falta de técnicos del ramo, puesto que la Universitat de Girona imparte un Master Interuniversitario en Gestión Cultural y otro Master en Turismo Cultural. 
Los dos espléndidos monasterios románicos vecinos de Sant Miquel y Sant Tomàs de Fluvià se hallan separados por solo cinco kilómetros de distancia, en el llano de Figueres. Restaurados por la Diputación, a los escasos visitantes no se les explica la miseria del feudalismo que representan, la enorme desigualdad entre los señores medievales y los monjes (las dos redes de poder coordinadas) en comparación con la mano de obra que construía estos castillos y monasterios. 
Los monumentos restaurados por el erario público deben reflejar de algún modo la sociedad de aquella época, no solo la de los antiguos o actuales propietarios. La inversión llevada a cabo resulta inversamente proporcional a la información para interpretarlos que ofrecen. Las Diputaciones nos deben otra exposición sobre la utilidad pública hoy de los edificios históricos que restauran.

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