9 sept. 2015

Los maestros de escuela merecen un monumento no solo honorífico

Desde la época en que llevaba a mis hijos a la escuela, el oficio de maestro me parece sencillamente heroico, además de decisivo en cualquier sociedad civilizada o aspirante a serlo. Ahora ya no llevo a mis hijos a la escuela, pero mi admiración hacia el oficio de maestro ha crecido más aun, desde que la Generalitat ha recortado la inversión por cada estudiante no universitario en Catalunya a partir del 2011 en un 27 % y le dedica el mismo presupuesto que en 2007, cuando había 400.000 alumnos menos escolarizados. Se habla muy poco –y muy poco en detalle— de los hachazos de los gobiernos de Artur Mas contra la sanidad, la
educación y los servicios públicos en general.
Para este comienzo de curso 2015-2016, la consellera Rigau reconoce que los inscritos de primaria y secundaria aumentan en 75.720 alumnos en comparación con el curso anterior y que los profesores disminuyen en 2.000 profesionales. En la enseñanza superior, en el curso que ahora empieza se han matriculado 230.000 alumnos (el 38,7% de la población entre 18 y 24 años de Catalunya) y las matrículas son las más caras de toda España, tras las fuertes subidas de precios acordadas por el gobierno de la Generalitat. 
El anuario 2013 de la Fundació Jaume Bofill ya indicaba que las escuelas catalanas perdieron 3.769 profesores tan solo durante los tres años anteriores. El codirector de aquel informe, el catedrático Miquel Martínez, subrayaba: “Se necesitan medidas redistributivas de recursos con que intentar reducir la desigualdad social”. 
Hoy, en Catalunya, uno de cada cuatro alumnos abandona los estudios antes de los 16 años. A pesar de ello el porcentaje de estudiantes que obtienen un título postobligatorio (bachillerato o formación profesional) ha aumentado en un 5,5 %. Otra cosa muy distinta es el reparto de ese porcentaje por franjas sociales o bien la cantidad de jóvenes entre 16 y 24 años que ni estudian ni trabajan. 
Catalunya, con una tasa de paro del 20,3%, duplica la media de paro registrada en la Unió Europea, según las últimas cifras oficiales de Eurostat, la oficina estadística europea. El estrepitoso paro juvenil en Catalunya entre 16 y 24 años es actualmente del 45,7% de los jovenes. 
El informe PISA (Programme for International Student Assessment) ha recordado algunas evidencias, como que la disparidad creciente de rendimiento académico entre alumnos procedentes de familias con más recursos económicos o menos. También que las comunidades autónomas del conjunto de España con peores resultados son les más castigadas por el paro, y que Catalunya ha perdido puntuación en dicho informe, algo que la consellera Rigau atribuyó sin ni siquiera despeinarse a la mayor presencia de alumnos inmigrantes en comparación con las comunidades autónomas mejor situadas. 
Actualmente las recortadas escuelas catalanas se sostienen gracias al aumento de aquel heroísmo de los maestros. Es justo que la valoración de este oficio por parte de la sociedad se acentúe en la misma proporción. Los maestros merecen un monumento. Un monumento que es traduzca en los presupuestos, porque el honorífico hace tiempo que lo tienen.

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