21 jun. 2013

La alternancia sin alternativa de la izquierda


La transición del franquismo a la democracia nos llevó a creer en la virtud de la alternancia entre la derecha y la izquierda, primero en el gobierno central y luego el autonómico. Eso parecía garantizar las reglas del juego democrático, ahora laminadas por el incesto entre los intereses económicos y las fuerzas políticas que debían controlarlos. Los parlamentos y los gobiernos se han mostrado irrelevantes o cómplices ante los poderes fácticos. Que la actual Gran Desigualdad haya sido
defendida por las fuerzas de derecha tiene más fácil explicación que la connivencia mostrada por la izquierda, los partidos socialistas, excomunistas y Verdes cuando han llegado al gobierno, por ejemplo en Alemania o en Cataluña con el tripartito.
El pensamiento y la acción de la izquierda parlamentaria se han limitado a la alternancia dentro de un mismo modelo y han olvidado la alternativa entre modelos distintos. Los socialdemócratas Tony Blair o Gerard Schröder fueron piezas maestras de la involución neoliberal en Inglaterra y Alemania. En Cataluña, la llegada de los excomunistas y ecologistas de Iniciativa-Verds a las consejerías de Interior o de Medio Ambiente del tripartito no significó ningún cambio de modelo, ningún toque de alerta ideológico ante la Gran Desigualdad en marcha. 
El desarme ideológico de la izquierda parlamentaria frente a los abusos del capitalismo fue y sigue siendo clamorosa. En 1998 Gerard Schröder se presentó a las elecciones con el lema “Nosotros no hacemos nada distinto, pero lo hacemos mejor”. Gobernó en coalición con los Verdes y ambas fuerzas perdieron el crédito político por su sometimiento a la lógica del sistema, de resultados más comprobados aun en la actualidad. 
La izquierda parlamentaria ha participado de lleno en la involución neoliberal. Ha encajado sin contraste con el conglomerado de poderes fácticos económicos, políticos y mediáticos. No ha defendido una mentalidad distinta, otros planteamientos, otro funcionamiento, otro trato con el medio ambiente, otro camino de racionalidad económica y modelo social.
La izquierda aun no ha reconocido las causas de la crisis ni tampoco que la única salida posible pasa por profundas reformas estructurales, incluida la de los partidos parlamentarios, a imagen del disciplinado harakiri que se hicieron los procuradores a Cortes del franquismo un año después de la muerte de Franco para dar paso a la Ley para la Reforma Política. Es lo que necesitamos de nuevo, de forma reconocida y urgente, debido a la presión triunfante de la derecha y la complicidad de la izquierda acomodada, absorbida, neutralizada.

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