26 oct. 2018

La eternidad del pato con nabos en Can Bonay de Peratallada

Un restaurante que desde el 1 de mayo del año 1936, el día en que abrió las puertas, ofrezca en la carta pato con nabos no es cualquier cosa. Solo conozco un precedente, los famosos “canard au sang” del restaurante parisino La Tour d’Argent, abierto en 1582 con vista sobre el río Sena y Nôtre-Dame. Actualmente el plato cuesta allí 260€ por comensal, mientras que en Can Bonay de Peratallada comí ayer su legendario pato con nabos por 15,50€. Cuando Enric Bonay Carrera y su mujer Montserrat Riembau compraron la casa vieja de la plaza de las Voltes para abrir una fonda, la clientela estaba formada sobre todo por trabajadores. Luego llegaron los turistas, cuando el establecimiento ya era regentado con nuevo empuje por los hijos
Maria Lluïsa Bonay Riembau y Joaquim Fanals. Hicieron pocos retoques en el comedor y muchos en las instalaciones de la cocina.
En 1978, ya plenamente consagrados, tomaron el relevo los dos hijos de la tercera generación, Josep y Enric Fanals Bonay. La cuarta generación, de momento, tiene 14 años. El pato con nabos se ha mantenido en todo momento incólume, eterno, indesplazable. La continuidad constituye siempre un mèrito escaso, una fuerza interior y una intensidad expresiva sin nada que ver con la fosilización, aunque uno también pueda preguntarse en la mesa de Can Bonay cómo ha evolucionado –o retrocedido— la suculencia del pato y de los nabos.
Después en Peratallada surgieron una nube de restaurantes. Incluso el antiguo chef del Bulli, Jean-Paul Vinay, asumió la cocina del castillo de Peratallada, ya que el propietario, el actual marqués de Robert y conde de Torroella de Montgrí, deeaba promocionar la fortaleza medieval como hotel de lujo. Duró poco, a diferencia del pato con nabos del vecino Bonay.
Peratallada fue uno de los primeros pueblos del “Cuadrado de Oro” del Baix Empordà que se convirtió en moderna restauración de un núcleo medieval para ofrecer a los forasteros un atractivo paseo antes o después de acudir los días festivos a los restaurantes multiplicados. El paseo sigue siendo atractivo y la nube de restaurantes sigue trabajando, los días festivos a toda máquina y los laborables como ayer con más tranquilidad.
Dado que Peratallada solo suma 188 habitantes censados, desde 1977 se agregó a los pueblos vecinos de Fonteta y Vulpellac para formar el nuevo municipio de Forallac. Lo único que no ha cambiado es el pato con nabos de Can Bonay, tan solo le han añadido una variante de canetón asado con cebolletas.
En época de caza la casa propone estofado de jabalí con setas, civet de ciervo y faisán asado con ciruelas (aunque el faisán de hoy debe tener poco que ver con la caza). Sin embargo para paladear el gusto de la eternidad, el pato con nabos en la carta desde el 1 de mayo de 1936.

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