Este artículo también se ha publicado en eldiario.es, sección Catalunya Plural
Ya me pareció, cuando los frecuentaba, que se producía un ballet discreto como de pasillos de “meublé” en los accesos a los comedores reservados de la planta baja baja y el primer piso del restaurante barcelonés La Camarga. Siempre entraban o salían con cara intrigante algunos conocidos o aspirantes, generalmente encantados de ser vistos. Además, todos mis reiterados almuerzos fueron grabados de principio a fin. El recurso al comedor reservado se justificaba precisamente por eso, fuera de la algarabía acústica de la sala general del establecimiento. La grabación la hacía yo mismo sin
Ya me pareció, cuando los frecuentaba, que se producía un ballet discreto como de pasillos de “meublé” en los accesos a los comedores reservados de la planta baja baja y el primer piso del restaurante barcelonés La Camarga. Siempre entraban o salían con cara intrigante algunos conocidos o aspirantes, generalmente encantados de ser vistos. Además, todos mis reiterados almuerzos fueron grabados de principio a fin. El recurso al comedor reservado se justificaba precisamente por eso, fuera de la algarabía acústica de la sala general del establecimiento. La grabación la hacía yo mismo sin



















